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Toma de tierras y vecinos asustados que se arman: así es el drama que crece en la Patagonia

La historia de la usurpación en Villa Mascardi, que lleva tres años y el Gobierno no logra resolver. Las resonancias políticas de otra toma en El Bolsón. Maldonado, Nahuel, Jones Huala, la machi misteriosa y un escenario que parece un polvorín.Gonzalo Sánchez

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1/9/2020

Es de noche y se escuchan gritos. Se adivinan los movimientos y hasta se puede ver la sombra de figuras que corren por el bosque pegando alaridos para meter miedo. Los pobladores de Villa Mascardi, a 35 kilómetros de Bariloche, no terminan de habituarse a esas situaciones frecuentes que los dejan petrificados, los despiertan en la madrugada y los obligan a pasar cerrojo en sus modestas cabañas de montaña. A veces, un piedrazo les rompe algún vidrio. En otras ocasiones, hay encuentros y amenazas cara a cara. En los casos más extremos, hubo llamas y viviendas quemadas. Los ataques se los adjudica la Lafken Winkul Mapu, una agrupación que dice ser descendiente de mapuches y desde hace 3 años ocupa predios en la zona, bajo el pretexto de que esa porción de paraíso es territorio ancestral y les pertenece. Hay más de 110 denuncias en su contra acumuladas en la Justicia federal y un sector del oficialismo presiona para dejarlas sin efecto.

Durante el Gobierno de Mauricio Macri, el grupo estuvo varias veces a punto de ser expulsado. Pero un hecho trágico paralizó todo: la muerte del mapuche Rafael Nahuel durante un enfrentamiento entre los activistas y miembros del Grupo Albatros de la Prefectura. El episodio hizo que se frenaran las acciones de desalojo. La figura de Nahuel se enlazó a la de Santiago Maldonado. La crisis desatada en las entrañas del Parque Nacional Nahuel Huapi quedó suspendida, mientras se investigaba la violencia ejercida por los miembros de la fuerza de seguridad. Pasó el tiempo. Las ocupaciones continuaron. La agrupación desmanteló un viejo hotel abandonado del Instituto Obra Social, también un predio de Gas del Estado, tierra y más tierra. Hubo vecinos que, cansados de las incursiones violentas, decidieron armarse. Escaló severamente la tensión.

Ahora es un conflicto nacionalizado por completo. Enfrenta a Río Negro con el Gobierno Nacional. Pero también al Gobierno Nacional con ciudadanos comunes. El sábado pasado, manifestantes de Bariloche que se lanzaron a la ruta 40 para protestar contra las usurpaciones fueron denunciados. La ministra Sabina Frederic los acusó por incitación a la violencia. Ahora es, además, un conflicto en punto de eclosión. El Intendente de Bariloche, Gustavo Genuso, dijo: «Los pobladores de Villa Mascardi ya no aguantan más. Conozco la dinámica de la zona: están por armarse para hacer justicia por mano propia».

Villa Mascardi ha recalentado finalmente, después del tiempo muerto de la cuarentena. Y un eco de la ocupación, además, ha resonado más al Sur, en la localidad de El Bolsón. Allí se desató la semana pasada otra toma de tierras. No es un reclamo mapuche en términos concretos, sino el avance de 140 familias sobre un área turística clave. En el complejo mosaico de integrantes de esa usurpación hay mapuches, pero también miembros de organizaciones sociales que responden a Juan Gabois y a otros referentes de la zona. Bruno Pogliano, el intendente local, es otro mandatario que estalló de furia. Denunció que muchas de las familias «que ocuparon el Mirador del Azul y Cabeza del Indio están vendiendo los lotes» a 60 mil pesos a través de publicaciones en las redes sociales. «Eso muestra que hay un negocio de especulación. No hay una verdadera necesidad», cuestionó. Evalúa denunciarlos por asociación ilícita.

Dos motivaciones diferentes detrás de las tomas de tierras en el corredor Bariloche-El Bolsón, posiblemente el tramo más bello de la Argentina.

El fin de la paz en Villa Mascardi

En 1936,  Exequiel Bustillo, primer presidente de la Dirección de Parques Nacionales, promulgó el decreto de fundación de siete villas con el objeto de fomentar el desarrollo turístico y el poblamiento para fortalecer la soberanía en el oeste de la Patagonia argentina. Esas villas fueron: Villa Llao Llao, Villa La Angostura, Villa Tacul, Villa Catedral, Villa Mascardi , Villa Traful y Villa Rincón. Villa Llao Llao, la «privilegiada», fue señalada para lanzar la mayor apuesta y la mayor inversión. Fue la primera dotada de luz eléctrica, de un camino pavimentado de 25 km a Bariloche y, especialmente, fue elegida para la histórica construcción del más importante hotel de toda la región.

Tierras tomadas por mapuches - Villa MascardiHoy Villa Llao Llao, Villa Catedral (el centro de esquí) y Villa Tacul forman parte del Municipio de Bariloche. La Angostura se convirtió en un lugar pujante. Traful, un diamante en el sur neuquino. Y Villa Mascardi quedó más relegada en el final del corredor de los lagos. Su lejanía, sin embargo, le permitió conservar un aire silvestre que las otras villas ya no tienen. Pero hay sobre Villa Mascardi, ahora, un manto de sombra. Grupos radicalizados que dicen ser mapuches la reclaman como parte de su territorio ancestral. Son tres años ya de asedio a sus pobladores. Tres años de una crisis sin resolución.

Con la llegada del nuevo Gobierno, a fines del año pasado, bajó desde el Ministerio de Seguridad que conduce Sabina Frederic una nueva valoración del conflicto. Se traduce en no avanzar ni con acciones represivas ni desalojos, a pesar de que la agrupación se mantiene sobre propiedades privadas, cuyos dueños reclaman con nombre y apellido. Una de esas personas es Juan Grehan, el dueño del primer predio ocupado en 2017. «El presidente tiene que decirnos en la cara si está dispuesto a recuperar para los argentinos esa parte del Parque Nacional Nahuel Huapi que fue tomada por estos delincuentes. Le escribimos una carta porque no somos escuchados. Necesitamos saber si realmente va a ayudarnos», dice.

Grehan heredó las tierras que su abuelo compró legalmente en los años «30. Tiene documentos, papeles, fotografías, planos. «La soberanía no se está ejerciendo en esta zona de la Argentina. Este grupo no es mapuche. Su argumento es que Roca los echó. Pero no dicen si ahí vivía la comunidad a la que pertenecen. No dicen que son descendientes de ocupadores tradicionales porque no lo son. Estamos ante un robo. Pero el Gobierno hoy elige hablar con ellos y no con nosotros», agrega Grehan. Alude a una visita que a principios de agosto los activistas del Mascardi recibieron en el territorio caliente: el secretario de Articulación Federal de Seguridad, Gabriel Fucks. Por encima de él, sólo queda la ministra de Seguridad, Sabina Frederic.

Al cierre de esta nota, la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, se presentaba en Casa Rosada para plantear la discusión del tema ante el presidente Alberto Fernández. Días antes, en diálogo con Clarín, había reconocido que el conflicto había llegado al límite y que no estaba dispuesta a conversar con bandidos. «Vamos a mandar efectivos de seguridad e instalar videocámaras. Pero necesitamos al Gobierno acá. La presencia del Estado Nacional es fundamental», expresó. Y agregó: «Este grupo se radicaliza todavía más, cada vez que algún funcionario se acerca para plantear o acordar algún tipo de diálogo».

En efecto, después de la visita de Fucks, la agrupación arremetió contra más predios. Fue quemada una cabaña llamada La Cristalina y usurpado un predio perteneciente al obispado de San Isidro. Diego Frutos, el dueño de la cabaña hostigada, dijo: «Es la sexta o séptima que atacan. Van avanzando, roban todo lo posible y cuando ven que no hay nadie se meten, la modalidad es siempre la misma». Dijo más: «Entran por el fondo, tienen hechos senderos en el bosque y, cuando se van, dejan los rastros de lo que utilizaron, unas lanzas que en la punta se ve que les colocan trapos embebidos con algún combustible. En todas las casas es lo mismo». Y remató: «Así logran que nos vayamos y cuando ellos consideran que los terrenos están abandonados los toman alegando derechos ancestrales, que yo no tendría problema en reconocer si tuvieran algo que lo demostrara».

Frutos  volvió a la zona días más tarde, se encontró cara a cara con los usurpadores y un audio suyo se viralizó en las redes sociales y llegó a los medios. Está reproducido en el video que sigue a continuación.

¿Quiénes son?

Los hechos no son aislados, sino una continuidad de los otros tantos días difíciles que vivió el lugar en pleno tiempo de cuarentena. Camioneros asaltados en medio de la ruta. Enfrentamientos a piedras con guardaparques. En mayo, seis encapuchados sorprendieron a un policía que debía instalarse en una cabaña de Gas del Estado, con su pareja y una niña para cuidar el lugar. El hombre estaba reparando la vivienda, cuando la patota irrumpió y le exigió que se marchara porque el sitio era «propiedad de la comunidad». No se identificó como policía porque temió lo peor. Luego los encapuchados atacaron con piedras a la familia, que debió huir en una camioneta a la que no le quedó un vidrio sano. Pero la pregunta va de nuevo: ¿Quiénes son?

Los miembros de la Lafken Winkul Mapu son en realidad una familia: los Nahuel Colhuan. María Nahuel, la madre. Christian Colhuan, el padre. Tienen una hija llamada Betiana. Betiana dice ser machi (una medium originaria) y es presentada como quien tuvo la visión mística que le señaló a la comunidad que esas tierras les corresponden ancestralmente. Además, tienen  un hijo, Christian , el encapuchado que lidera las tomas y, eventualmente, dialoga con los enviados del Gobierno Nacional. Otro nombre es el de Joana Colhuan, sobrina, ex voluntaria del Ejército Argentino. El nombre de Joana aparece en la causa por el enfrentamiento armado en el que murió Rafael Nahuel, otro sobrino de la familia.

Otro apellido que aparece asociado a la agrupación es Pilquiman. Se trataría de un pariente de Luis Pilquiman, el actual vice presidente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. La familia Pilquiman también se enlaza con el famoso Testigo E del caso Maldonado: Lucas Pilquiman, sobrino del funcionario Luis. Más datos. Betiana, la machi, sería pareja de Matías Santana, el mapuche que dijo haber visto desde un montículo con binoculares que la Gendarmería se llevaba en una camioneta al artesano fallecido en las aguas del río Chubut.

Una tercera pata vincula a los Nahuel Colhuan con integrantes del clan Jones Huala, cuyo líder, Facundo, cumple condena en Chile por atentados contra la propiedad. ?En agosto de 2018, el juez Gustavo Villanueva ordenó la captura de Fausto Jones Huala, hermano de Facundo Jones Huala, y de Lautaro González, ambos imputados por usurpación de terreno y atentado contra la autoridad tras el homicidio de Rafael Nahuel. Fueron liberados al poco tiempo.

Los Nahuel Colhuan son más urbanos que mapuches. Hasta que decidieron lanzarse a la montaña, vivían en el barrio Virgen Misionera, entre el Cerro Otto y Playa Bonita, corazón de Bariloche. Los acusan de haber usurpado varios lotes allí y «hasta una plaza entera».

Nelson Cárdenas González, un vecino que denuncia haber sido hostigado por ellos, contó su caso en el programa local Alto Bariloche TV. «Hace unos años -narró- en 2014, esta familia del barrio, nos comenta que se iban a hacer mapuches para tomar tierras porque ellos no tenían y querían dejarle algo a sus hijos. Y a los pocos días tomaron la plaza, un terreno cedido por el municipio. De la noche a la mañana, cortaron una calle y se quedaron con todo. Ya tenían dos lotes cedidos por el municipio, pero usurparon la plaza. Hicieron cuatro casas. Yo fui el primer poblador de aquellos años en la zona y se me vinieron encima. Desde entonces, me hostigan, me quieren correr».

Cárdenas agregó que «de la noche a la mañana pasaron de ser mormones a hacerse mapuches» y que antes de eso «cruzaron a Chile para orientarse en la forma de vestir, en la lengua y todo lo demás». En un momento, recordó Cárdenas, llegó «un machi de Chile, plantó una bandera en medio de la plaza y dijo esto es territorio mapuche». Dice que desde que se enfrentó con ellos no vive en paz, que su esposa fue golpeada por «el lonko, que es el esposo de María» y que lo han corrido con un machete. También que han tirado tiros al aire para amedrentarlo. Y que presentó 18 denuncias con los Nahuel Colhuan, pero que no pasó nada.

«En el Parque Nacional hay siete comunidades mapuches. Todas están integradas y reconocidas por ley, participan del co manejo de las áreas naturales y existe un vínculo pacífico y de respeto. Esas mismas comunidades no reconocen a los que están tomando en Villa Mascardi», explican en la intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi.

Parques Nacionales está hoy bajo la órbita de Juan Cabandie, quien no se expresa sobre la cuestión. Después del encuentro de Fuks con el grupo al costado de la ruta 40, el sitio web de Horacio Vertbisky y otros sitios afines al oficialismo, deslizaron que desde Parques están evaluando retirar las denuncias que existen contra la comunidad. Puede ser cierto o ser un mensaje de presión hacia la institución que tiene la potestad para definir, con un simple movimiento jurídico, si ese grupo se queda en las montañas o si la tierra vuelve a los propietarios usurpados. El INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) juega de un modo pasivo en el escenario: por ahora hace silencio, aunque el silencio a las claras no resulta imparcial. Magdalena Odarda, su titular, ex ARI reconvertida al Frente de Todos, llegó a decirle a Clarín: «No queremos que muera más gente».

El sábado por la tarde algo se puso más espeso. La denuncia de Frederic contra los manifestantes complejizó todavía más las cosas. Permite dudar de las intenciones de la supuesta mesa de diálogo creada por el Gobierno para resolver el conflicto: ¿Escucha a todas las voces? ¿están también allí representados los dueños de los predios usurpados? Para la gobernadora de Río Negro, no. Tras la última visita de Fuks al lugar, vendida como una incursión del Gobierno a la montaña, pero en los hechos una asamblea al costado de la ruta, se avisó que en «60 días habría una comunicación sobre el estado de cosas». La lentitud más rotunda, cuando todo está a la vista y las cartas están echadas, ¿A quién sirve ese período prolongado de tiempo? Quedaron fotos de aquel encuentro, fotos que no evidencian diálogo plural. Eso que denuncian los usurpados. Que a ellos nadie los escucha. Y que allá en la Patagonia la confrontación está por ahora lejos de terminar.

Fuente: clarin.com

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